El cofre

 

Un pequeño cofre permanece detrás de la densa niebla. Ha sobrevivido a los cataclismos, a los días y a las consecutivas noches. Más allá del retrato de quienes fuimos, más allá de las palabras hirientes. Porque hoy es un nuevo día, diferente al de ayer y al de mañana. Porque esas palabras ya no pueden provocar daño. Son el fruto de lo que queda del desastre, de la confusión y la incertidumbre. Es la niebla que nos envuelve, que llegó después de la falta de una comunicación sincera. Es la luz en forma de curiosidad por descubrir lo verdadero y saber que no podrá abrir el paso hasta ese cofre.

Y lo que queda después, cuando hemos desordenado y revuelto todo, cuando parece que no hay vuelta atrás, son nuestros pensamientos, haciendo corpóreas las estrellas, estén donde estén.

Cuando una estrella piensa en otra de alguna manera hace que esta, a su vez, la piense. Por eso podemos seguir enviando fotografías del desorden y dándolo todo por perdido. Hay estrellas que no necesitan pensarse porque siempre están con nosotros.

Esperanza, optimismo, cordialidad, positividad. Determinación. Impulso. Voluntad. Lo que habría sido necesario para esa segunda oportunidad, de lo que no hemos sido capaces porque lo que vemos es la niebla. Es fácil decir que es posible, pero no lo es tanto intentarlo. ¿Por dónde empezar cuando todas las piezas parecen estar del revés? ¿Para qué moverme si no se mueve?

Esta comunicación mágica pero no del todo sincera hace que te sientas como una invitada a la fiesta del té y a un no-cumpleaños. Las dudas se amontonan. ¿Realmente está allí con su sombrero? ¿Es una fantasía? Y de ser una fantasía, ¿es compartida? Como no lo sabes, desconfías sobre asistir o no. ¿Y si no va?

Entonces intentas poner algunos muebles en su sitio, volver a colgar un par de cuadros en la pared, pero no atinas a acertar el siguiente paso. Y como no hay brújula y las cosas siguen desordenadas, desistes. La niebla y las palabras hirientes seguirán allí cual ouroboros. Por eso no puedes continuar leyendo y guardas la tetera.

Dicen que el destino baraja las cartas y que nosotros tomamos las decisiones, pero en ocasiones puede que existan situaciones que no tengan reparación, aunque las dos partes quieran ponerle remedio. A lo mejor esto es lo mejor, convertirse en peregrino y huir del contenido del cofre. Tal vez en algún momento ese mismo destino haga que nos encontremos por casualidad y que para entonces seamos capaces de despejar la niebla y abrirlo, de seguir al conejo blanco adondequiera que nos lleve.


© Némesis Fuster. Todos los derechos reservados. Art by Jessie Willcox Smith.

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