Brilla la luna de noche

No había ayer, ahora o mañana. No había cuándo, dónde o un porqué. Hay cosas que no tienen explicación y otras que solo la encuentran cuando se tienen delante.

De nada sirven millones de palabras o suposiciones. Podemos pasar toda una vida suponiendo y, en determinados casos, culpando al otro por unas circunstancias que simplemente estaban allí. Entonces nos dedicamos a lanzar flechas cargadas de rencor. «Sé que siento algo por ti pero no lo mereces, me hiciste daño. Así que voy a quedarme con los malos recuerdos y a seguir lanzando flechas cuando tú arrojes estelas de esperanza».
Esto ocurre cuando desconocemos los motivos. Cuando no dejamos que una planta siga el transcurso natural de su ciclo de vida y muera para volver a nacer después.
Cuántas veces las encontramos abandonadas solo por no darles el tiempo necesario para recomponerse y volver a brotar más fuertes y más hermosas que la primera vez que las vimos en la tienda de turno, el vivero o en algún jardín.

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Tenemos telescopios, pero hemos olvidado buscar constelaciones. Las mismas que veíamos en la infancia, cuando creíamos que todo era posible y no había nada que angostara los horizontes. Como esos sentimientos y deseos ingenuos que, en ocasiones, y dependiendo de quién te acompañe, pueden permitirse serlo, ya que si en algún momento tropezasen o cayeran no lo harían sobre un lecho de esparto.

No hay un ‘hoy’ pero esta noche no hay nubes que oculten la luz de la luna; se aprecia cada cráter, cada mácula. No resulta lóbrega. Pero es un hecho que la luna salga de noche y el sol lo haga de día, esto no va a cambiar nada. Tampoco lo haría si la observásemos con nuestro telescopio. ¿O si?

Ya son muchos los años donde no hay un cuándo ni un dónde o un porqué. Y, sin embargo, se resiste a morir del todo. Pero llega un instante en el que tienes que decidir, averiguar las razones o dejarlo ir. Porque supone permanecer en un limbo de emociones que no llegan a tener lugar; se dedican a revolotear de aquí para allá cuando les da por despertar de su letargo, sin una razón de peso, un motivo o palabras de aliento. Sin empezar a surgir. Ellas mismas se preguntan: ¿de verdad estoy aquí o soy una ilusión?

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Esta noche la luna está especialmente brillante y dos personas se van a encontrar. No hay intriga ni expectación. Ni siquiera importa que brille la luna y no sea de noche.

No sienten nervios, por el contrario, les invade una extraña sensación de comodidad y serenidad, porque al no existir expectativas o imaginar cómo será o qué ocurrirá todo resulta más sencillo, como respirar. Como si volvieran a ese momento de su vida en el que no veían futuras tragedias, cuando no se adelantaban al posible daño o decepción que pudieran sufrir.

A veces solamente se trata de dar oportunidades, pero no únicamente a los demás, sino a nosotros mismos. Darnos la ocasión de volver a ser como fuimos una vez.

Esta noche dos personas no solo se conocen mutuamente, sino también a sí mismas.


© Némesis Fuster. Todos los derechos reservados.

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