Los ogros azules

En los cuentos solemos encontrar este tipo de finales:

«… y tras el beso, el sapo, que era víctima de una maldición, se convirtió en un apuesto príncipe»;

«… y el dragón recuperó la Piedra Sagrada y no volvió a incendiar las casas de los aldeanos»

o: «… y después de que nuestro héroe o heroína se enfrentase a esto o aquello, instauró la paz en el reino»

Pero si bien existen los finales felices, las cosas no siempre son así: hay sapos que son sapos por mucho que deseemos que con un beso se conviertan en príncipes; hay dragones que nunca recuperan su Piedra Sagrada y continúan incendiando aldeas. Hay héroes y heroínas que después de luchar no pueden instaurar la paz en un reino, y lo que obtienen es aprendizaje.

Y es la esencia de la siguiente historia.


Los ogros azules

«Ningún hombre conoce lo malo que es hasta que no ha tratado de esforzarse por ser bueno»

Clive Staples Lewis

***

—¿Crees que los malos existen? —le preguntó a Coso Luminoso.

—Sí, lo creo —afirmó él.

—¿Has conocido a alguien que sea malo?

—Sí.

—¡Oh! ¡Cuéntame más! ¿Su aspecto inspiraba temor?

—No, su aspecto no inspiraba temor —respondió con una expresión que dejaba entrever tristeza y frustración.

—Leí algo sobre una bruja que atormentaba a sus vecinos porque tenía los buenos sentimientos podridos. Después de ingerir un brebaje purificador se curó y no volvió a hacerlo. Yo creo que no hay personas malas —añadió con convicción.

—Tienes razón, muchas veces hay un motivo que justifica la maldad y una solución para combatirla, pero dime: ¿qué le habría pasado a la bruja si no hubiese ingerido el brebaje?

—¿Que continuaría teniendo los buenos sentimientos podridos?

El Coso Luminoso asintió y le preguntó: —¿Y qué sucedería si la bruja quisiese seguir siendo como es?

La niña se encogió de hombros, no sabía qué responder; y tras meditar su respuesta opinó que «el corazón se le habría terminado pudriendo y provocaría grandes males».

—Así es, se habría convertido en un monstruo —añadió él.

           —Bueno, pero al final siempre vence el bien. Tarde o temprano le habría puesto solución. Y si no, alguien lo habría hecho. Fíjate en las historias que nos rodean: se hace justicia con los malos.

—En las fábulas de la realidad no siempre se acontecen esos finales. Hay monstruos que continúan campando a sus anchas después de hacer el mal; siempre bajo un disfraz que oculta su verdadera apariencia. Los ogros azules, por ejemplo, tienen un extraño poder: son capaces de mentir de manera convincente, mirándote a los ojos; así es como manipulan y te hechizan. Incluso pueden llorar delante de la gente para inspirar lástima, o contarte anécdotas tristes que nunca han tenido lugar. Pero si te fijas con detenimiento en sus ojos, podrás ver que están vacíos; y si no les prestas atención o no te conmueves, las lágrimas desaparecen sin dejar rastro.

—¡Qué siniestro! ¿Cómo podría saber que tengo a uno de ellos ante mí?

. —No puedes reconocerlos a simple vista, como utilizan disfraces son indetectables. Su apariencia es tan normal como la tuya o la mía.

—¿De verdad? —le preguntó incrédula mirándolo con los ojos muy abiertos.

Él asintió y le preguntó si nunca antes había oído hablar acerca de los ogros azules, a lo que ella respondió negando con la cabeza y se puso cómoda para escuchar a su amigo.

❊❊❊

—Los ogros azules viven en submarinos. Les gusta sentirse admirados, así que emergen a la superficie terrestre para encontrar a una persona que cumpla esta función. Cuando la encuentran se muestran encantadores, parecen seguros de sí mismos. Suplen sus carencias con labia y expresan más emociones y sentimientos que cualquier individuo que hayas conocido con anterioridad.

»Tienen algo dentro de ellos que no funciona y cuyas consecuencias van revelándose con lentitud.  Nunca podrías imaginar la verdad porque piensas que un monstruo es alguien a quien se le nota a leguas que algo le pasa…, y el problema es que no ves que es de color azul hasta el final.

—Yo creía que se les notaría; no sé, tal vez pensaba que llevarían encima algún tipo de cartel que los delatase… —suspiró—. ¿Qué ocurre cuando ese algo que no funciona se expande, y nadie le pone remedio?

—Que se vuelve parte de sí mismos y sale a la luz lo que les pasa; en muchos casos se trata del nacimiento de una segunda personalidad, a la que incluso le ponen nombre propio. Así pues tienes ante ti a un ser que no conoces pero que sí te conoce a ti, y es capaz de utilizar tus terrores más profundos para asustarte, entre otras cosas. Un pozo oscuro que esconde inseguridad y que nunca se sentirá lleno: los ogros azules no tienen una cualidad esencial en el ser humano, que probablemente sea la más hermosa de todas; ¿sabes cuál es?

—No, ¿cuál es?

—Te lo diré al final de este cuento —respondió sonriendo.

—¿Y nadie puede ayudar a los ogros azules?

—Ellos no creen necesitar ayuda.

—¿Y si quieres mucho a uno de ellos?

—Llegados a este punto habrás dejado de hacerlo, porque quererle a él supondría querer al extraño también. Porque quien realmente te quiere lo hará por todas tus virtudes y defectos, y no deseará cambiarte. Porque el mayor deseo de alguien que te quiere de verdad, será el de verte sonreír. Porque el amor no es controlar, sino confiar. Porque alguien que te quiere nunca te hará daño de ninguna manera.

—¿Y si un ogro azul se arrepiente? ¿Hay alguna posibilidad de arreglar la situación?

—No se arrepienten. Ellos mismos se sienten víctimas y creen sus propias mentiras. Te dirá que no sabía que te estaba haciendo daño, que solo estaba jugando. Son unas criaturas muy inteligentes; le dará la vuelta a todo.

—¿Y cómo se puede solucionar?

—Alejándote de él. Cuando tengan la certeza de que no hablarás de ellos y hayan guardado conversaciones en las que dices lo que sea para dejarles en buen lugar, te dejarán en paz, puesto que les importa mucho lo que piense la gente: su imagen.

—Pero alejándome no conseguiré que se haga justicia…

—¡Oh, no te preocupes por eso! Porque los ogros azules nunca hallarán la auténtica felicidad, solamente lo aparentarán. Si lo piensas con detenimiento sí que inspiran lástima, pero no por sus lágrimas, sino porque quien carece de la cualidad que te mencioné antes, la esencial, es como si estuviese muerto en vida, y ellos aunque no lo admitan, lo saben.

—¿Cuál es esa cualidad? —volvió a preguntar.

—La empatía.

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