Goetia Clara luz

 

«Todo es tan simétrico, tan impoluto…», observé cuando comencé a despertar.

—¡Hola! —me saludó alguien, remetiéndome una rama por el pelo para que me moviera.

Dirigí la vista hacia quien me había hablado y cuando lo hice vi a un ejemplar, uno de los nuevos vampiros, mirándome con ojos de lechuza.

Continuaba siendo de día, continuaba la luz. Pero poco a poco mis ojos, que apenas percibían el ambiente con precisión, se fueron habituando.

—Te he arrastrado hasta aquí para que veas —me dijo.

—Aquí, ¿dónde? —le pregunté intentando acostumbrarme a esa nueva visión parcial.

El ejemplar me tendió la mano y me ayudó a levantarme del suelo.

—Al matadero —respondió.

—¿Al matadero? —pregunté a la par que miraba a mi alrededor—. Si hace un momento estaba en Serendipia.

—Y sigues estando allí.

—No lo entiendo…

—Estás en el segundo estadio, ¿eh? Hay quienes se quedan en él para siempre. Tú pareces distinta —añadió, examinándome de arriba abajo—. Te informo de que te hallas ante las cortinas donde la razón se encuentra; donde todos saben, nadie duerme, y todo lo que es no lo parece. Discúlpame si te he asustado con la broma de antes —dijo refiriéndose a la bienvenida que me había dado.

—No importa —respondí sonriendo—. Cuánta quietud y calma hay aquí. Es un poco… extraño. Más aún tratándose de un matadero. Dime: lo que suceda aquí, ¿será verdad?

—Sí, este lugar sirve para darse cuenta de que todo es si no lo parece. Sirve para prepararse a lo que está por llegar. Si tienes la mente abierta resolverás sin problemas lo que te inquieta —a todos nos inquieta algo cuando llegamos aquí—, declaró en confianza. Esto no es un sueño o una ilusión.

—Siempre es un sueño o una ilusión —respondí.

—A veces no lo son. En ocasiones se cumplen.


Extracto de Goetia Clara luz, novela en búsqueda de editorial.

© Némesis Fuster. Todos los derechos reservados.

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