El violín cálido

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Dicen que los almendros lloran, pero no es cierto. Nadie sabe que en realidad sus flores no son lágrimas, sino una demostración de amor. Porque los almendros provienen del Reino Encantado Féerico, y fue gracias a la Dama del Bosque que se creó el primero. La semilla fue su propio espíritu.

Se había prometido con un músico cuya profesión le exigía cruzar la Galería Oscura, para talar el tronco de uno de los árboles que nacían en el Oasis. Con la madera fabricaría un violín cálido. Los violines cálidos detectan el estado de ánimo de sus propietarios, se funden con ellos para formar un solo ser.

La Dama le rogó que no se marchara. Ella no tenía poder alguno allí, en ese lugar donde vivía la Oscuridad.

—No te preocupes, amor mío —la tranquilizó él—. Sabes que he de ir. Tu amor será mi escudo. Tu imagen me protegerá de los malos augurios.

Dicho esto la besó y se dispuso a marcharse.

—Espera. Llévate esto —le pidió ella dándole una pequeña bolsa.

—¿Qué es?

—Es mi espíritu.

Abrió la bolsa y vio una llama de luz.

»Cuando te acerques a la Oscuridad abre la bolsa para que la luz la ahuyente. Pero recuerda que mi espíritu solamente vivirá seis días. Si no regresa conmigo antes, se apagará.

—No puedo aceptarlo —se negó él—. ¡Si no regreso a tiempo morirás!

—Sí que puedes. En el caso de que no lo hagas seré yo quien te acompañe, u ordenaré que te apresen para que no puedas ir.

El músico no tuvo otra opción y lo guardó con cuidado.

Cuando había recorrido la mitad del camino fue sorprendido por un ejército de sombríos. Eran esqueletos que llevaban espadas consigo.

Abrió la bolsa y la luz hizo que retrocedieran. Continuó su recorrido. Habían pasado casi tres días.

Al llegar al Oasis suspiró aliviado, porque tenía tiempo suficiente para poder talar el tronco del árbol y regresar a casa. Pero cuando estaba en ello apareció la Noche, una doncella plateada que quiso entretenerlo con coquetería de su misión.

—Eres muy hermosa —le alabó él—. Pero estoy enamorado, y ella aguarda impaciente. No tengo tiempo que perder.

—¿No sabes quién soy? Los caballeros batallan por mi amor. Yo domino este territorio. Soy la hija de la Luna. Señora de la Oscuridad.

El músico la ignoró.

La Noche, herida en su orgullo, invocó a los sombríos.

Entonces tuvo lugar una batalla que duró dos días. Los derrotó a todos con el espíritu de la Dama del Bosque.

Exhausto, miró un nuevo amanecer. La Noche había conseguido su propósito: lo había entretenido. Ahora era demasiado tarde.

—Entierra mi espíritu junto al árbol —escuchó decir a su amada.

Y así lo hizo.

Se quedó dormido sobre la tierra. Soñó con ella. En el sueño sonreía y le decía que a veces para crear luz y dicha se entierran sentimientos que no mueren nunca, sino que germinan, convirtiéndose en eternos.

—Hemos acabado con la Noche juntos —le dijo—. Mientras haya flores me mantendré viva. Todos los años te demostraré que mi amor no tiene fin.

—Cada pieza que toque será para ti —le prometió él.

Cuando abrió los ojos vio que se encontraba en un nuevo mundo. No se trataba de la Galería. No había oscuridad alguna, sino todo lo contrario.

A su lado había un árbol del que no cesaban de caer flores. Era un almendro.

Taló parte de él y construyó su violín cálido. Cuando comenzó a tocar apareció una luz blanquecina que inundó aquellas tierras. Habían sido creadas por el amor. Y cada año la Dama del Bosque se reúne con su amado. Demostrando que cuando dos seres están destinados a estar juntos lo hacen hasta el fin de los tiempos…


© Némesis Fuster. Todos los derechos reservados.

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