El amor verdadero

—Coso, en cierta ocasión me dijiste que el amor es magia. Pues es una magia que no entiendo. ¿La magia viene y va?

—¿A qué te refieres? —preguntó el extraterrestre con interés.

—No lo sé. Creo que sencillamente no comprendo a la magia en sí.

—No hay que entenderla, es muy simple. Es dulce y buena. Como tiene que ser.

—¿Qué pasa si no es simple?

—Que no se trata de amor. Cuando es de verdad no hay montañas demasiado empinadas, el suelo es liso. Todo resulta tan claro, tan fácil, que te invade una tranquilidad absoluta.

—Entonces creo que no lo he conocido.

—A veces nos confundimos, ¿sabes? Porque hay amores malos, platónicos y reales. Sólo estos últimos te hacen sentir así.

—¿Y en qué se convierten con el tiempo?

—Los primeros son una herida que termina cicatrizando, pero llegará un momento en el que la verás sobre tu cuerpo y ya habrá dejado de molestarte.

»Los segundos, que son los platónicos… Bueno, los sentimientos que pudiste tener terminan desapareciendo, aunque cuesta un poco porque los idealizamos. Pero tarde o temprano lo hacemos porque el corazón sabe que tiene que abandonarlos. Los amores platónicos se convierten en un precioso y lejano recuerdo.

—Humm… —murmuró pensativa—. ¿Crees que se puede olvidar a estos tipos de amores?

—Por supuesto. Si quieres hacerlo, podrás. Detente en este preciso instante, cierra los ojos —le pidió poniendo su dedo índice en la sien—. ¿Ves a alguien ahora?

—No.

—¿Y cuando fantaseas o sueñas?

—No, ya no.

—¿Lo ves? —respondió retirando el dedo índice (aunque Coso solamente tenía cuatro dedos, y el índice en realidad era el anular).

—Pero ¿no te parece triste? Sentir tanto amor y que desaparezca.

—No es triste, es la vida. Y te servirá para que, llegado el momento, puedas reconocer al amor real. Entonces verás que es maravilloso y te darás cuenta de que tenías que cruzarte con esos falsos amores para aprender.

—¿Y qué les pasa a ellos, a los amores malos y a los platónicos?

—Creo que hablamos una vez sobre uno de los ejemplos de amor malo —los ogros azules—. En su día te dije que nunca conseguirían ser felices y hoy puedo añadir que si no los mencionas entre tus fábulas, dejan de existir. Una amiga mía, que es capaz de ver los sucesos, sabe que a pesar de que los ogros no tienen conciencia pueden soñar. Y que es entonces cuando se les aparece lo que hicieron y despiertan en mitad de la noche con sudores fríos.

»Respecto a los amores platónicos, encontrarán a quien les complemente, y algún día puede que volváis a veros. Cuando lo hagáis, seguramente comenzaréis una bonita amistad que nunca acabará.

—¿Cómo podré reconocer al amor verdadero? No será fácil…

—En realidad es tan fácil reconocerlo que cuando lo hagas te reirás de los malos momentos y de los falsos amores.

—Lo que pienso es que a día de hoy creer en él no es lo común. He preguntado a mucha gente, y la mayoría ya no cree en el amor.

—Pues es una lástima porque, ¿qué sentido tendría entonces todo esto?

—Sí, tienes razón —afirmó ella mirando el infinito.


© Némesis Fuster. Todos los derechos reservados.

Volver