Cuando tus personajes no te dejan dormir

Conoces sus gustos, obsesiones y manías.

Comprendes sus sensaciones, terrores y aspiraciones.

Incluso detalles nimios que para ellos son significativos.

Cuando creas los primeros retazos no te imaginas que un día cobrarán vida propia; que son ellos los que tendrán que arrostrar los peligros y afrontar sus dilemas siendo ellos mismos. Lo único que tienes que hacer es darles un cubo de Rubik y, sin cavilar demasiado, ponérselo delante, cerrar los ojos y pensar: “que sea lo que Dios quiera”.

Lo que a ti te puede parecer obvio a ellos no. Y quieres gritarles: “¡tienes la solución delante de ti!”. Pero si bien te escuchan parece que hacen oídos sordos, o no pueden verlo porque su propia personalidad actúa como cortina.

Y cuando te quieres dar cuenta son ellos los que te han atrapado a ti. Es como si se rieran en tu cara, algo así como “Venga, a ver cómo lo solucionas pero a mi manera y no a la tuya”.

Y las páginas se suceden y no se soluciona. Tu protagonista se entretiene en mil cosas, se distrae con una mosca y el problema sigue estando ahí, pero le da igual porque ahora mismo está muy entretenido/a pensando en la teoría de tal o viviendo lo que has imaginado para él/ella, sin cuestionarse qué sucederá después.

En verdad es algo extraordinario.

Supongo que lo mejor será dejar que se apañen y no ponerles ningún tipo de límites o condiciones.

Ver hacia dónde me llevan y disfrutarlo.

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