Ailée

«Estamos hechos de la misma materia que los sueños»

William Shakespeare

❊❊❊

‘¿Quieres ser Emperador de los Sueños?’, rezaban los anuncios en Hilari, también conocida como «La ciudad de abajo». Jóvenes apuestos de todas partes se encaminaban hacia la aventura. Era una tarea fácil, no se explicaban el motivo de que todavía siguieran renovando esos anuncios. Total, lo único que tenían que hacer era conquistar a Ailée, la Emperatriz de los Sueños. Al parecer seguía soltera. Nadie había conseguido hacerse con el trono.

No sabían cómo era porque nadie la había visto, pero aun así solían rumorear «Seguro que es rara». Y lo peor de todo es que aun en los tiempos que corrían podían escucharse comentarios como «Una flor conquista a cualquier mujer», «No creo que pueda llevar el cargo sola» o «Debería aprovechar ahora que es joven para encontrar a alguien, porque dentro de diez años su belleza se disipará y entonces se arrepentirá».

Cuando los consejeros de Ailée se lo comentaban rompía en carcajadas: ella tenía su propio invernadero y llevaba el cargo sola. No esperaba conquistar por su belleza.

Claro que era rara, ¿quién no lo es? Y son las rarezas las que distinguen a las personas. Consciente de ellas las cuidaba. Como a sus lirios carnívoros. «Lo raro es ser eso que llaman ‘normal’», pensaba.

❊❊❊

Antiguamente, cuando todas sus amigas forraban sus carpetas con las fotografías de aquel grupo, ‘Los Encantados Encantadores’, también deseaba encontrar a un encantado encantador. Pero tras conocer y creer a uno de ellos comprobó con tristeza que había mentido, pues este pertenecía al Gremio Oscuro y se dedicaba, como su nombre indicaba, a labores oscuras. Le pidió al Olvido que se lo llevara lejos, y el Olvido la escuchó y le entregó el don de poder ver si un encantado encantador lo era o no.

Su misión como Emperatriz no era sencilla. Se encargaba de toda la maquinaria de DELTA y REM —tuvo que hacer unas pequeñas modificaciones en DELTA para que pudiera funcionar—. Analizaban cada mente, y en función de sus penurias, de sus alegrías y quehaceres, otorgaba viajes que se producían mientras dormían. Quien sentía la necesidad era liberado de ataduras y miserias. Quien no encontraba la solución o la luz podía vislumbrarla.

❊❊❊

Pero ¿por qué era ella la Emperatriz? Porque estaba hecha del mismo material que los sueños. Por eso había tantos pretendientes que deseaban conquistarla, y es que si lo conseguían también dejarían la mortalidad atrás.

Día tras día los veía pasar con sus poemas, promesas y funciones. El código implicaba el deber de escuchar lo que tenían que decir.

Ninguno removía nada en ella, así que decidió contratar a una actriz. Esta la suplantaría en las recepciones de pretendientes. Sabía que cuando llegara la persona adecuada algo se lo haría saber. Y así pasaron los años hasta que un día la suplente le dijo que había pasado algo muy extraño: uno de los pretendientes se había sentido decepcionado al verla. —¿Por qué? —quiso saber Ailée—. Eres una de las actrices más hermosas y con más talento de todos los reinos.

—Dijo que esperaba que la Emperatriz de los Sueños fuera distinta. Que siempre la imaginó sin tocar el suelo.

—¿Le preguntaste el motivo de que quisiese ser Emperador, como a los demás?

—Sí, lo hice.

—¿Y qué respondió?

—Que no quería ser Emperador, que lo que le había movido hasta allí era la poesía. Después se marchó.

—¿No llevaba promesas, como los demás?

—No, tenía las manos vacías.

Ailée sonrió.

—Cuando le preguntaste su opinión sobre la libertad y el amor, ¿qué respondió?

—Dijo que el amor consiste en la libertad, en todos los sentidos, puesto que no impone rejas o vallas. También añadió otra cosa.

—¿Qué?

—Que si verdaderamente amas o has amado a alguien deseas su felicidad, aunque no sea a tu lado.

Ailée no necesitó averiguar nada más y llamó a sus trolls rastreadores para que lo buscasen. No cesaron en su empeño hasta que lo encontraron. Le pidieron que volviera a reunirse con Ailée, pero él se negó. Dijo que no estaba interesado.

«Tiene que saber la verdad», pensó Ailée.

Y así fue como una y otra vez se presentaron los trolls ante él. Siempre decía que no, que no iría; que no estaba interesado. No fue hasta el último intento que cambió de opinión. Y en aquella ocasión no fue otra que Ailée la que lo recibió. Hablaron durante horas. El día dio paso a la noche. Y la poesía cobró vida, razón y sentido.

❊❊❊

—¿Por qué arranca los anuncios?, preguntó alguien al ver que todos estaban siendo arrancados.

—Porque ya hay un Emperador de los Sueños.

—Seguro que también será raro… —comentó con desdén.

© Némesis Fuster. Todos los derechos reservados.

Volver